Irlanda es el origen de muchas cosas en el mundo, a veces más inesperadas de lo que los forasteros se imaginan. Aquí se mencionó por primera vez el whisky (en 1405), las patatas fritas aromatizadas en 1950 y Halloween, aunque no lo llamamos así.
Halloween, o Samhain (SAH-win), tiene su origen en la Irlanda pagana de los celtas. Originalmente era una celebración de la cosecha al final del verano, cuando se encendían hogueras para ahuyentar (mantener alejados) a los malos espíritus. Similar a la tradición mexicana del Día de Muertos, los antiguos celtas creían que ésta era la época del año en la que el velo entre las tierras de los vivos y los muertos era más delgado. Por ello, los espíritus y las hadas podían pasar más fácilmente y atormentar a los vivos.
Halloween era un festival, y como tal incluía juegos y tradiciones. Una de esas tradiciones consistía en tallar un vegetal para crear un jack-o-lantern con el que asustar a los espíritus. Sin embargo, la tradición irlandesa no siempre fue una calabaza. Los antiguos celtas utilizaban nabos, una hortaliza de raíz dura, para crear sus linternas.
Los irlandeses y escoceses llevaron las historias y tradiciones de Halloween a Norteamérica en el siglo XIX, donde los estadounidenses hicieron lo que mejor saben hacer: tomar las tradiciones de alguien y transformarlas en una fiesta. Si bien los juegos asociados a Halloween (como el "apple-bobbing") ya existían, disfrazarse y salir a pedir caramelos (los niños llaman a las puertas pidiendo caramelos/dulces) fue popularizado por los estadounidenses, e inspirado en las tradiciones celtas de alejar a los espíritus. Se solía llamar guising (como disfrazarse).
La tradición de las calabazas, afortunadamente, empezó a utilizar calabazas, que son mucho más fáciles de tallar y permiten mucha más creatividad.
Así que, tanto si ha celebrado Halloween en el pasado, como si este año es su primera vez, ahora ya conoce una breve historia de sus orígenes.


